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jueves, 6 de noviembre de 2014

FUENTE DE.

Foto de Josep Lopez.

30 comentarios:

  1. Una fotografía excelente y una paisaje encantador, una maravilla!!!!
    Un fuerte abrazo.

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  2. Una imagen muy bella... Idilica en el paisaje que nos brinda

    Un abrazo

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    1. Niños y naturaleza. Un regalo para el espiritu.

      Abrazos.

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  3. Imagen bellísima, y fotazo.
    Con vuestro permiso, la tendré de salvapantallas para que me sirva de relax en estos días de nerviosismo ascendente.

    Petons del Florestán

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  4. Buena foto la de Josep. Picos de Europa en estado puro y el añadido de los caballos para hacerla aún más interesante.
    Una abrazo,

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  5. Que guapaaaa...Como me gusta ver estos colores de vez en cuando;))))
    Gracias Josep.
    Un beso

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  6. Un lugar para perderse, para disfrutar de él, naturaleza en estado puro...

    Abrazos y buen fin de semana!!!

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  7. Esos "percherones"... Que bonita imagén.. Es una edición no habitual en ti,pero igualmente bella.. Vamos que yo me marchaba de una para allá.. Un besazo majo :)

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    1. Es una foto de Josep y por eso no la he retocado demasiado.

      Buen fin de semana, guapa.

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  8. M'agrada molt, sobretot pel canvi que representa amb respecte als teus treballs habituals. Això demostra la polivalència i la qualitat del fotògraf en qualsevol terreny.
    Una abraçada David

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  9. Esta vez los bichos de Josep ni son pequeños ni son raros... Qué raro.

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  10. Qué buenos recuerdos (de los 12 años)... Gracias.

    (esas nubes quemadas, lo siento, nunca critico negativamente, pero es que una quemazón me escuece hasta el infinito... manías de vieja ya, así que ni cuenta)
    Un placer, de verdad, encontrar tu blog.

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    1. Ja, ja, gracias por tu critica, Sofia, Bienvenida a esta, tu casa.

      Un saludo, nueva amiga.

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  11. Hola, Sofía...
    David, acoge en tu seno a esta hermosa (lo es y cómo) dama sevillana, que un afortunado azar (azahar) me ha brindado. Es fotógrafa, poetisa y, como diría Manuel Machado: "...y Sevilla".
    Oso un beso de poseso a esa rosa.

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    1. Hola, Fred. No merezco tan hermosa bienvenida, pero se la agradezco de corazón.

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    2. Cuidado con Fred, Sofia, es un caballero de los que ya no quedan. Y sabe utilizar armas de seducción masivas. ;)

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    3. Se ve que eres un amigo, David.

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  12. Te agradezco tu cuita, David, pero te aseguro que no es necesaria. Me sentiría honrada de pertenecer a esa "masa" (en realidad, a la única).
    Te dejo de regalo, por el placer que tus fotografías me han deparado y por tu amabilidad, otra arma de seducción, no sé si masiva, pero que a mí al menos me subyuga, escrita por otro caballero. Un abrazo enorme.
    (lo dividiré en dos mensajes)
    Anónimo Sevillano (Epistola moral a Fabio)
    Fabio, las esperanzas cortesanas
    Prisiones son do el ambicioso muere
    Y donde al más astuto nacen canas.
    El que no las limare o las rompiere,
    Ni el nombre de varón ha merecido,
    Ni subir al honor que pretendiere.
    El ánimo plebeyo y abatido
    Elija, en sus intentos temeroso,
    Primero estar suspenso que caído;
    Que el corazón entero y generoso
    Al caso adverso inclinará la frente
    Antes que la rodilla al poderoso.
    Más triunfos, más coronas dio al prudente
    Que supo retirarse, la fortuna,
    Que al que esperó obstinada y locamente.
    Esta invasión terrible e importuna
    De contrario sucesos nos espera
    Desde el primer sollozo de la cuna.
    Dejémosla pasar como a la fiera
    Corriente del gran Betis, cuando airado
    Dilata hasta los montes su ribera.
    Aquel entre los héroes es contado
    Que el premio mereció, no quien le alcanza
    Por vanas consecuencias del estado.
    Peculio propio es ya de la privanza
    Cuanto de Astrea fue, cuando regía
    Con su temida espada y su balanza.
    El oro, la maldad, la tiranía
    Del inicuo procede y pasa al bueno.
    ¿Qué espera la virtud o qué confía?
    Ven y reposa en el materno seno
    De la antigua Romúlea, cuyo clima
    Te será más humano y más sereno.
    Adonde por lo menos, cuando oprima
    Nuestro cuerpo la tierra, dirá alguno:
    «Blanda le sea», al derramarla encima;
    Donde no dejarás la mesa ayuno
    Cuando te falte en ella el pece raro
    O cuando su pavón nos niegue Juno.
    Busca pues el sosiego dulce y caro,
    Como en la obscura noche del Egeo
    Busca el piloto el eminente faro;
    Que si acortas y ciñes tu deseo
    Dirás: «Lo que desprecio he conseguido;
    Que la opinion vulgar es devaneo.»
    Más precia el ruiseñor su pobre nido
    De pluma y leves pajas, más sus quejas
    En el bosque repuesto y escondido,
    Que halagar lisonjero las orejas
    De algun príncipe insigne; aprisionado
    En el metal de las doradas rejas.
    Triste de aquel que vive destinado
    A esa antigua colonia de los vicios,
    Augur de los semblantes del privado.
    Cese el ansia y la sed de los oficios;
    Que acepta el don y burla del intento
    El ídolo a quien haces sacrificios.
    Iguala con la vida el pensamiento,
    Y no le pasarás de hoy a mañana,

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  13. Ni quizá de un momento a otro momento.
    Casi no tienes ni una sombra vana
    De nuestra antigua Itálica, y ¿esperas?
    ¡Oh error perpetuo de la suerte humana!
    Las enseñas grecianas, las banderas
    Del senado y romana monarquía
    Murieron, y pasaron sus carreras.
    ¿Qué es nuestra vida más que un breve día
    Do apena sale el sol cuando se pierde
    En las tinieblas de la noche fría?
    ¿Qué más que el heno, a la mañana verde,
    Seco a la tarde? ¡Oh ciego desvarío!
    ¿Será que de este sueño me recuerde?
    ¿Será que pueda ver que me desvío
    De la vida viviendo, y que está unida
    La cauta muerte al simple vivir mío?
    Como los ríos, que en veloz corrida
    Se llevan a la mar, tal soy llevado
    Al último suspiro de mi vida.
    De la pasada edad ¿qué me ha quedado?
    O ¿qué tengo yo, a dicha, en la que espero,
    Sin ninguna noticia de mi hado?
    ¡Oh, si acabase, viendo cómo muero,
    De aprender a morir antes que llegue
    Aquel forzoso término postrero;
    Antes que aquesta mies inútil siegue
    De la severa muerte dura mano,
    Y a la común materia se la entregue!
    Pasáronse las flores del verano,
    El otoño pasó con sus racimos,
    Pasó el invierno con sus nieves cano;
    Las hojas que en las altas selvas vimos
    Cayeron, ¡y nosotros a porfía
    En nuestro engaño inmóviles vivimos!
    Temamos al Señor que nos envía
    Las espigas del año y la hartura,
    Y la temprana pluvia y la tardía.
    No imitemos la tierra siempre dura
    A las aguas del cielo y al arado,
    Ni la vid cuyo fruto no madura.
    ¿Piensas acaso tú que fue criado
    El varón para rayo de la guerra,
    Para surcar el piélago salado,
    Para medir el orbe de la tierra
    Y el cerco donde el sol siempre camina?
    ¡Oh, quien así lo entiende, cuánto yerra!
    Esta nuestra porción, alta y divina,
    A mayores acciones es llamada
    Y en más nobles objetos se termina.
    Así aquella que al hombre sólo es dada,
    Sacra razón y pura, me despierta,
    De esplendor y de rayos coronada;
    Y en la fría región dura y desierta
    De aqueste pecho enciende nueva llama,
    Y la luz vuelve a arder que estaba muerta.
    Quiero, Fabio, seguir a quien me llama,
    Y callado pasar entre la gente,
    Que no afecto los nombres ni la fama.
    El soberbio tirano del Oriente
    Que maciza las torres de cien codos
    Del cándido metal puro y luciente
    Apenas puede ya comprar los modos
    Del pecar; la virtud es más barata,
    Ella consigo misma ruega a todos.
    ¡Pobre de aquel que corre y se dilata
    Por cuantos son los climas y los mares,
    Perseguidor del oro y de la plata!
    Un ángulo me basta entre mis lares,
    Un libro y un amigo, un sueño breve,
    Que no perturben deudas ni pesares.
    Esto tan solamente es cuanto debe
    Naturaleza al simple y al discreto,
    Y algún manjar común, honesto y leve.
    No, porque así te escribo, hagas conceto
    Que pongo la virtud en ejercicio:
    Que aun esto fue difícil a Epicteto.
    Basta al que empieza aborrecer el vicio,
    Y el ánimo enseñar a ser modesto;
    Después le será el cielo más propicio.
    Despreciar el deleite no es supuesto
    De sólida virtud; que aun el vicioso
    En sí propio le nota de molesto.
    Mas no podrás negarme cuán forzoso
    Este camino sea al alto asiento,
    Morada de la paz y del reposo.
    No sazona la fruta en un momento
    Aquella inteligencia que mensura
    La duración de todo a su talento.
    Flor la vimos primero hermosa y pura,
    Luego materia acerba y desabrida,
    Y perfecta después, dulce y madura;
    Tal la humana prudencia es bien que mida
    Y dispense y comparta las acciones
    Que han de ser compañeras de la vida.
    No quiera Dios que imite estos varones
    Que moran nuestras plazas macilentos,
    De la virtud infames histriones;
    Esos inmundos trágicos, atentos
    Al aplauso común, cuyas entrañas
    Son infaustos y oscuros monumentos.
    ¡Cuán callada que pasa las montañas
    El aura, respirando mansamente!
    ¡Qué gárrula y sonante por las cañas!
    ¡Qué muda la virtud por el prudente!
    ¡Qué redundante y llena de ruido
    Por el vano, ambicioso y aparente!
    Quiero imitar al pueblo en el vestido,
    En las costumbres sólo a los mejores,
    Sin presumir de roto y mal ceñido.
    No resplandezca el oro y los colores
    En nuestro traje, ni tampoco sea
    Igual al de los dóricos cantores.

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  14. Una mediana vida yo posea,
    Un estilo común y moderado,
    Que no lo note nadie que lo vea.
    En el plebeyo barro mal tostado
    Hubo ya quien bebió tan ambicioso
    Como en el vaso múrrimo preciado;
    Y alguno tan ilustre y generoso
    Que usó, como si fuera plata neta,
    Del cristal transparente y luminoso.
    Sin la templanza ¿viste tú perfeta
    Alguna cosa? ¡Oh muerte! ven callada,
    Como sueles venir en la saeta,
    No en la tonante máquina preñada
    De fuego y de rumor; que no es mi puerta
    De doblados metales fabricada.
    Así, Fabio, me muestra descubierta
    Su esencia la verdad, y mi albedrío
    Con ella se compone y se concierta.
    No te burles de ver cuánto confío,
    Ni al arte de decir, vana y pomposa,
    El ardor atribuyas de este brío.
    ¿Es por ventura menos poderosa
    Que el vicio la virtud? ¿Es menos fuerte?
    No la arguyas de flaca y temerosa.
    La codicia en las manos de la suerte
    Se arroja al mar, la ira a las espadas,
    Y la ambición se ríe de la muerte.
    Y ¿no serán siquiera tan osadas
    Las opuestas acciones, si las miro
    De más ilustres genios ayudadas?
    Ya, dulce amigo, huyo y me retiro
    De cuanto simple amé; rompí los lazos.
    Ven y verás al alto fin que aspiro,
    Antes que el tiempo muera en nuestros brazos.
    (Desde Dámaso Alonso hay certeza en su atribución a Andrés Fernández de Andrada, 1575-1648)

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    1. Gracias, Sofía, por tan bonito texto lleno de sabias enseñanzas (confieso que me ha costado un poco de interpretar, pues en la transcripción se han roto las frases).

      Un fuerte abrazo.

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    2. Lo siento muchísimo, david, discúlpamelo, calculé mal a la hora de copiártelo aquí, aparte de que el precario editor de comentarios en blogger (nulo, vaya) ha convertido un inmenso, imbricado y originalísimo soneto (al fin y al cabo una carta, con lo que las amo) en un casi vulgar romance en endecasílabos. Te dejo un enlace a mi blog donde puedes leerlo en condiciones (y hasta corregido, me he permitido la licencia, los copia-pega de internet es lo que traen, un punto y coma mal puesto, aparte de traicionar tdo el esfuerzo de una autoría, conllevan puñalás traperas hasta para el propio lector.) Con tu permiso y mi disculpa, porque estas acciones me sonrojan hasta el extremo, pero con toda mi mejor intención: http://www.sofiaserra.com/2014/11/anonimos-sevillanos-de-una-excesiva.html

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